Esta entrada es el inicio de una
andadura en una dirección hacia el conocimiento. Para mí el conocimiento
siempre ha constituido una necesidad y disfruto curioseando sobre algunos
aspectos que para mí resultan tan desconocidos como necesarios.
En educación, es muy común dejarse
llevar por un reduccionismo que lleva a no entender aspectos que nos
integrarían en lo que entendemos como comunidad educativa. El reduccionismo nos
lleva a considerar la realidad educativa desde nuestra óptica y nuestra
posición, sin realizar un ejercicio empático con respecto a otros miembros de
esa comunidad educativa. Para realizar esa acción, precisamos entender cuáles
son las sinergias que pueden ofrecer los distintos roles que influyen sobre el
acto educativo:
- Podemos llegar a entender al alumno, sus
necesidades, sus adaptaciones, sus carencias, sus compromisos…
- Podemos llegar a entender (por tener el mismo
prisma analítico en algunos casos y “ejercer de” …) a los tutores, progenitores
o padres del alumno, en la perspectiva de la exigencia, el deber, el análisis
de la realidad del alumno y las expectativas que tienen con respecto a las
capacitaciones y competencias que se desprenden de la educación de sus
tutelados.
- Podemos llegar a entender a nuestros compañeros
ya que ejercen las mismas funciones que nosotros y presentan los mismos
problemas y las mismas expectativas con respecto al alumno.
- Sin embargo, a veces, no podemos llegar a
entender al director del centro puesto que desconocemos realmente las
competencias que limitan su ejercicio o por el contrario que facilitan los
resultados de la ejecución de sus acciones… De aquí lo que considero necesario
es una aproximación a este rol y, generar desde una perspectiva empática un “juicio”
lo más objetivo posible de la realización de sus tareas.